¿Recuerdas que de esta forma te pedí que fueras mi novia?
Quién diría que la misma puerta,
el mismo lugar,
la misma emoción en el pecho...
me traerían aquí otra vez.
Pero esta vez no es para empezar algo.
Es para hacerlo eterno.
Mi corazón bombea tu nombre,
y por mis venas corre tu amor.
Mi saliva es miel dulce desde que probó tu sabor.
En mi espalda reposan tus huellas,
y en mi piel permanece tu olor.
Y cuando los pájaros cantan,
en su canto encuentro tu voz.
Y las olas, que saben que te amo,
admiran también nuestro amor.
Les recuerda que amaron la luna
desde que su luz las iluminó.